miércoles, 10 de abril de 2013

Velero, Triana 36

Solo el navegante puede llegar a sentir el mayor de los niveles de paz y libertad, esa sensación de sentirse a salvo de cualquier amenaza de esta sociedad, lejos del alcance de cualquier mal intencionado disparo o agresividad, lejos del alcance de cualquier malévola mirada, lejos del alcance de cualquier molesto sonido.

La navegación y la travesía, lugar y tiempo donde se alcanza el poder absoluto sobre uno mismo, salvo con el elegido compañero de negociaciones, el mar.
Pero el mar no te molesta, él nunca pide más de lo que es legítimo y natural, una condición fácil de aceptar, sencilla, justa, honesta.

La navegación y las velas, el mayor de los encuentros donde todo acontece según las reglas de la naturaleza, el viento y el mar, con el barco y el marinero, al unísono, como un auténtico centauro.

A veces, el nivel de exigencia del mar es demasiado alto, un mar bravío, de grandes olas, agua sobre la cubierta, paredes de mar a babor y a estribor, una proa que enfila al cielo, para rápidamente caer y enfilar hacía el fondo del mar..... Pero es ese momento en el que el marinero llega a su máximo esplendor, a la mejor y más brillante de sus negociaciones, tratando de superar todos sus obstáculos, son momentos difíciles, sí, pero apasionantes. Y cuando vuelve la calma, o se regresa a puerto, sabes que no le has vencido, pero sabes algo aun mejor, ¡Has compartido su grandeza!






  




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